27 enero 2009

La clase



Hay películas que te remueven, que sirven, como he leído por ahí, de catarsis total. Para los que cada día tenemos que ponernos delante de un grupo de adolescentes (de 12 a 18 años, más o menos) fue como si hubieran instalado una cámara oculta en nuestras clases porque lo que muestra es lo que hay en las aulas, ni más ni menos.

Esos alumnos que juguetean con el bolígrafo o que son incapaces de guardar silencio mientras que el profesor intenta explicar el imperfecto de subjuntivo, que atienden a ratos, que preguntan con insolencia, sin saber qué terreno pisan, que no dudan en atacar sin el menor miramiento al profesor que el mismo día ha valorado hasta lo indecible el leve atisbo de trabajo apreciado en ellos.

Ese profesor que intenta mantener la cercanía con ellos pero al mismo tiempo manteniendo la distancia (¡qué difícil es!), que se desespera cuando el trabajo que ha preparado para esa mañana es rechazado sin contemplaciones por sus alumnos, que tiene que hacer un esfuerzo de autocontrol sobrehumano cuando alguno se pasa de la raya, manteniendo la cabeza fría y sin olvidar que es un menor, que llega a la sala de profesores desesperado, que escucha todo tipo de opiniones de sus colegas sobre cómo llevar la clase, que no sabe si cumplir a rajatabla el reglamento de régimen interno o si dar una oportunidad más.

Y la película cuenta todo eso, sin tomar partido, sin querer transmitir grandes enseñanzas (esto no es Mentes Peligrosas, afortunadamente), hay alumnos que no saldrán adelante, hay alumnos que serán expulsados y por extensión serán excluídos sociales (y el profesor no podrá evitarlo, será incapaz de ayudarlo, a pesar de poner todo su empeño y voluntad), hay alumnos con interés y sí que progresarán, hay alumnos que dejarán su silla ordenada y otros que saldrán corriendo y la dejarán tirada en el suelo, hay alumnos que siempre considerarán enemigos mortales a los profesores.

Habrá incluso algún alumno que dirá tranquilamente que durante el curso no ha aprendido nada, absolutamente nada...

Y en septiembre, vuelta a empezar...

10 comentarios:

MEG dijo...

Por desgracia, ocurre todos los días.

Shepperdsen dijo...

Qué depresión me ha entrado de repente. Yo creo que en ese estado de cosas, hasta tendría razones para alegrarme con que no me atacaran física y/o verbalmente. Ánimo.

Oliver dijo...

Dura labor la de ser profesor.
Saludetes

Peritoni dijo...

Qué frustrante dios mío. Yo creo que no podría.

caotico_jq dijo...

Ay, qué pesar, hijo... Yo os admiro mucho a los que sois profesores (y sé de qué hablo, porque tengo varios amigos que lo son y me cuentan de cada historia que tela... bueno, qué te voy a contar que no sepas).

coxis dijo...

pues hijos míos yo puedo llorar por un eye este año porque tampoco me han ocurrido demasiadas cosas tremebundas, además llega un momento que te echas a la espalda las cosas y consigues no traerte el recuerdo de la bronca número 357 a casa...

pero de verdad, id a verla, creo que es tan necesario verla para saber qué pasa en el mundo de las generaciones que pagarán nuestras pensiones (veremos a ver...)

Polo dijo...

Para mí, la película fue un empacho de realidad. Demasiado bien hecha, demasiado cruda (sin sangre)...

Parecia que era lunes por la mañana, o un miércoles a las dos con Ángela Martin (u otro/a) subiendo el tono de voz, y el profe avisando al jefe de estudios...

Fue un poco demasiado.

You! Me! Dancing! dijo...

Buf, ¡qué peli más dura, ¿eh?!
Juro que al salir de verla pensé en tí y me puse en tu lugar. E intenté comprender por un momento la labor tan increíblemente difícil que hacéis todos los días. Merecéis un monumento.
Besos

coxis dijo...

de verdad que me emociona lo que has escrito, mi querido You! Me! Dancing!, todas las secuencias son, me repito, reales, reales... Yo también me he visto llevando a un crío al despacho del director y que se me pare a mitad de camino, que diga "no me toques" en plan chuletilla total... Y entonces uno traga saliva y sigue p'alante

coxis dijo...

es cierto que puede ser cruda, mr Polo, pero es tan necesaria, tan necesaria