30 septiembre 2007

Vamos a organizarnos...



En 1984 llegó a los cines una película originalmente estrenada en TV en los Estados Unidos llamada "El día después", narraba, en plena escalada nuclear, con Reagan y Chernenko (o cualquiera de los señores mayores rusos que mandaban en la URSS hasta que llegó Gorbachov) dirigiendo el cotarro mundial, los efectos de un ataque nuclear en Kansas. Cierto es que la película en sí no era gran cosa, pero en el momento de su estreno causó un gran impacto, y uno de sus diálogos a mí se me quedó clavado y además compruebo con amargura que no deja de ser cierto...
La secuencia en cuestión es en un hospital, parece ser que están bombardeando hospitales en Alemania Oriental y los doctores yanquis dicen (más o menos, intento recordarlo de memoria):
Doctor 1: - Pero, ¿qué está pasando? ¿quién lo entiende?
Doctor 2: - Es la estupidez, la estupidez siempre se abre camino.
Cuando estuve en Sitges nadie me hablaba en catalán así "a mala pata" ni gilipolleces por el estilo.
Sí que es cierto que había pegatinas y gente con camisetas que decían "países catalanes" pero bueno, tampoco es que fuera preocupante, supongo...
Los independentistas más radicales y los tertulianos de la COPE parecen darse la mano (ay, qué gran verdad es ésa, la de que los extremos se tocan) para pedir la abdicación del rey.
¿Nos estamos volviendo locos? ¿No hemos aprendido nada? ¿Se le ha olvidado a la gente -o mejor, no había nacido cuando ocurrió- lo del 23-F?
La portadita de el jueves, a riesgo de parecer impopular, me pareció de un mal gusto infinito. Hay formas mucho más refinadas de hacer humor con la monarquía. Si mi hermana fuera la princesa Letizia a mí no me gustaría verla dibujada en una posición tan denigrante, con tan mala pata y tan poco estilo.
Ya está bien, hombre... Un poquito de sentido común, por Diorrrrr.

26 septiembre 2007

Anita Dinamita



Nunca he sido pelota ni pamplinero, eso me ha causado problemas en un entorno laboral donde hubiera jefes. Y es que no me sale natural el esbozar una sonrisa ante alguna apreciación, generalmente sin interés, del jefecillo o jefecilla en cuestión.
Por extensión, también he desconfiado de las personas que te sonríen mucho cuando tú apenas las conoces, por lo general son del estilo de gente que cuando te das la vuelta se les borra la sonrisa y te pegan una puñalada trapera sin remordimiento alguno.
La señora de esta ilustración me recuerda a este tipo de seres. Y mira, lo voy a decir: ME CAE FATAL. La veo retorcida, cuasi-Lady MacBeth, fría, calculadora, clasista e impresentable. Su señor esposo tampoco está mal, que nos hizo el timo del misionero cuando sacó mayoría absoluta. Ni la metamorfosis de Kafka ha sido tan brutal: de hablar catalán en la intimidad a "estar trabajando en ello" (léase con acento de ¿Texas? ¿Méjicos? ¿estúpido?).
Esta señora es experta en frutas (¿?) y en expresar que la foto de las Azores es mejor que una foto con el presidente de Venezuela (yo no quiero ni una ni otra). Habría que preguntarle a ESTA SEÑORA quién es el culpable de que América del Sur se pase la vida entre la dictadura y la revolución...
Frustrada sosias de Laura Bush o de Hillary Clinton...
Petarda hasta la saciedad, el oportunista de Gallardón (que se acostaría con, digamos, la transexual de Gran Hermano para conseguir votos) la mantiene bajo su ala para que de vez en cuando la muchacha se explaye y suelte perlas como las alusiones a las frutas que da el peral o a proclamar, ¡oh sorpresa! que "ella no es de izquierdas" (touchez-vous la fleur, Marie Manuelle).
Claro que cuando mire a su hija y vea que es Ana Belén en versión reducida le tendrá que joder un huevo, por eso la habrá mandado a vivir a London con el yernísimo, el de la cara inquietante...

25 septiembre 2007

Soy la madre de los Beatles

un poquito de alegría, que mañana es miércoles y estamos en ecuador semanal laboral

Comentarios Laborales

El curso pasado fue uno de los peores de mi experiencia docente. Me sentía completamente desmotivado ante la absoluta apatía de mis alumnos, por no mencionar sus continuas faltas de respeto. Es cierto que había algún pequeño resquicio de interés en algún estudiante, al que me aferraba como si fuera un Robinson Crusoe cualquiera. No obstante, el panorama era francamente desolador. Había mañanas en que pensaba que si instalaran un maniquí en mi puesto no se notaría prácticamente la diferencia.
Este nuevo curso tiene tintes más esperanzadores, el centro está situado en una zona no tan deprimida como el anterior y por ello no hay casi alumnos problemáticos. En el caso de haber alguno destaca muchísimo, ya que hay un contraste brutal con el resto de sus compañeros.
En años anteriores ya me he encontrado con situaciones como ésta: imaginad una clase con chiquillos normales y corrientes, más o menos movidos, más o menos trabajadores pero con unas mínimas normas de convivencia y de saber estar. En dicho microcosmos dejamos caer a un alumno que carece totalmente de cualquier capacidad de autocontrol, que continuamente interrumpe para llamar la atención, que, simplemente, pone a prueba tu paciencia durante los cincuenta y cinco minutos de clase.
Los alumnos de este estilo por lo general tienen un historial escolar y familiar que pone los pelos de punta y que despiertan tu pena y tu ternura, al fin y al cabo son críos y si yo me viera en una situación similar a la de ellos pues lo mismo me portaba igual o peor.
Pero... ¿qué pasa con los demás? ¿qué haces con el resto de críos que tienen que soportar parones en la clase para poder atender al alumno díscolo? En cierto modo te vas a tu casa con sensación de no atender bien a nadie: ni a los que quieren aprender ni al que necesita y demanda algo que tú no has aprendido en la facultad, sino en los años de experiencia y que no siempre funciona.
Dicen que sobra dinero en los presupuestos generales del Estado: que lo gasten en crear puestos para más psicólogos y trabajadores sociales en los centros escolares que verdaderamente atiendan a este alumnado que nos lo encontramos todos los días en las aulas y que ni mucho menos va a disminuir, y para que el estudiante que quiere aprender verdaderamente aproveche el tiempo y no reciba una educación descafeinada donde se bajan los niveles para poder atender toda la variedad de chicos y chicas que te encuentras al cruzar la puerta de la clase.

19 septiembre 2007

YOU CAN'T STOP THE BEAT - You Can Sing Along With Us!

Ya que estamos con Hairspray, ahí va la canción apoteósica que te deja buen saborcito al final, a pesar de su demasiado blandorro guión.

18 septiembre 2007

Breaking News

Mare Meua cuánto tiempo sin sentarme a escribir ni a rien de rien, y no ha sido por falta de ganas, sino por estar atendiendo mis diferentes ocupaciones, verbigracia amorosas, familiares, laborales, cinematográficas, misceláneas.

Pasemos a describir por ejemplo que el otro día vi Hairspray y bueno, John Travolta está para hincharlo a palos, inexpresivo, sin gracia, sólo en el apoteósico "You can't stop the beat" como que medio cumple. La mejorcita es, indudablemente, Michelle Pfeiffer (ay Michelle, qué tiempos cuando cantabas en Grease 2 -¿nadie más recuerda esta peli?- aquello de "Cool Rider" y te balanceabas con más o menos, más bien menos, gracia).


El argumento es más simple que el agua de colonia, y es que la peli original de John Waters tampoco es que fuera una de Tarkovski. Lo que sorprende es cómo una idea fraguada por alguien tan sumamente destroyer como Waters haya devenido en un musical tan sumamente -valga la redundancia- blanco, casi Disneyano. No digo que lo Disneyano sea peyorativo, pero sorprende la cosa.
Las canciones tienen su gracia y la última es tan pegadiza que uno sale del cine con ganas de comprarse la banda sonora, luego reflexionas y ya no lo ves tan claro...
Y ya tenemos el curso en marcha, este año voy a estar entretenido. Una tutoría de tercero y además dos primeros (uno de ESO y otro de Bachillerato) más un cuarto de Diversificación... Estoy ilusionado, a ver cuánto me dura este momento high spirits.

Esta muchacha no sabe qué es la prairie...

02 septiembre 2007

Joyas Bizarras: La canción que fue a Eurovisión en 1989 representando a Turquía.


Estoy como las cantantas haciendo "ay ay ay ay" de alegría... Pero qué cancionaza, qué ritmo, es electrizante, me lo voy a poner mañana de despertador para empezar los exámenes de septiembre con buen pie.
Los hombres en jarras diciendo algo así como "quierese, yo no sé, yo no sé, tocarse" y las muchachas a punto de darles un ahogo de tanto gritar "ay ay ay ay ay". Esto sí que son canciones y no el desfile de canciones aburridas ad nauseam que es hoy en día.