03 mayo 2006

Ubi Sunt? (aka La ciencia avanza -pero yo no-)

Primeramente, mis disculpas a los que habéis intentado escribirme cosas y os ha resultado imposible, y es que, a pesar de los sabios consejos del señor Meltorm -je t'aime, me dedicas tu post de hoy y además con una de mis canciones de mi época feria en Lo Pagán favoritas: Amoureux Solitaires- creo que no hice las cosas demasiado bien. Tened paciencia conmigo, soy de letras...
Mi vida en los últimos meses está cambiando a pasos agigantados. Me he enfrentado a la experiencia de independizarme del hogar familiar con vivienda propia (bueno, no es mía, la escritura la tiene el banco, yo con suerte celebraré que soy propietario en un hogar del pensionista jugando al dominó, pero no es momento de hablar de hipotecas, tema más sobado que, digamos, el trasero de NuriaBer).
El hecho de enfrentarme a un maremágnum de facturas cada mes también ha hecho cambiar my way of life radicalmente: si antes me compraba las cremas Biotherm ahora me las compro Nivea o L'Oréal (al Deliplus todavía no he llegado), si antes me compraba DVDs como rosquillas ahora recurro a las ofertas del Media Markt, si antes me iba de finde a Madrid y me cogía un hotel de cuatro estrellas más butaca de patio para un musical, ahora me conformo con ir de uvas a peras, y a hoteles más baraticos, visitando la fnac y saliendo sin bolsa alguna, la última en el mes de febrero, pero eso es otra historia, que a lo mejor la cuento un día de estos por absolutamente romántica y maravillosa. Y es que esto de defenderse con un único sueldo es duro.
Las cremas... Ay, las cremas. Esta tarde cuando estaba haciendo cola rodeado de una señora que ha comprado tres paquetes de compresas y uno de carefree y cuyo aspecto era más cercano al de una menopáusica y de dos muchachas ucranianas, armenias o salidas del sovjós más cercano que comentaban en su lengua materna si llevarse un cepillo de dientes de dureza media o extrema me estaba yo preguntando a mí mismo si nuestra piel tiene memoria, como dice la señora que vende cremas por la radio los sábados en el programa de la Angels Barceló cuando la realidad me hizo tocar tierra de repente en el momento en que el dependiente me dijo que no aceptaba mi tarjeta de crédito, me sentía como Farah Diba, yo así muy divo diciendo que volviera a intentarlo pero nanay así que tuve que pagar en efectivo con lo que se me chafó el plan de que este sería el cuarto de los cinco usos mensuales de la visa que ayudan a recortar mi revisión anual hipotecaria.
Sólo espero que mi piel tenga memoria...
Ya que mi cráneo es así como el de Ursula Andress, vamos que el pelo me nace un poco más lejos que a los demás, pero no estoy (demasiado) traumatizado por ello.
Mañana (me temo) me espera una jornada agotadora... Pero el sábado se proyecta romántico con cena y demás parafernalia (¡bien!), algo así como la Carrie Bradshaw con Mr Big -por cierto, mira que esta serie tuvo un final decepcionante, más burgués imposible, con todas bien emparejadas y/o casadas y con Samantha con un cáncer ¿un castigo puritano por su época Xairo?. Bueno, observaréis que divago con mucha facilidad, es algo que me ocurre con frecuencia, mi cerebro se va de un extremo a otro relacionando los temas de la forma más caprichosa- y Mr Big no me gustaba nada para mi Carrie, ella tendría que haberse quedado con Aidan, después de hacerle un cursillo acelerado para convertirse en un playground boy de Central Park.
Gracias por leerme.
Por cierto, estoy escuchando el Carrusel Deportivo de música de fondo pero ahora mismo le doy al random CD y sale, esperad un momento, Alphaville: Forever Young. Como he estado hablando de cremas...

2 comentarios:

MM dijo...

Pos no están tan mal los productos Deliplus......
No puedo estar más de acuerdo contigo en el final de Sexo en Nueva York; pa matar a la Parker, por productora.

coxis dijo...

hombre, yo he gastado la crema de manos aloe vera y bueno... pues no está mal, es cierto.
Te apunto al club de decepcionados por el final de sexo en nueva york